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Anna Uriosteri Educacion  Emocional atarian Izaskun Valenciak egindako elkarrizketa (gaztelaniaz)

Hola Anna, cuéntanos algo de ti…

Me llamo Anna, soy catalana afincada en Donostia. Soy psicoterapeuta y coordino Emeki eskola, un proyecto de educación libre que nació hace 4 años. He estudiado Filosofía y Psicología, pero lo que me ha dado mi identidad profesional a la hora de trabajar ha sido la Escuela de Terapia Reichiana. De los modelos en psicoterapia que conozco es el único que combina de forma coherente la prevención y la clínica y hace que sea una forma muy bella de trabajar: intentas prevenir en los niños las dificultades de los adultos que ves en el diván. Todas estas dificultades siempre tienen que ver, en el fondo, con lo afectivo. El trabajo en prevención es un trabajo muy hermoso. Lo sistematizaron Cristina Aznar y Ramón Mauduit tras 30 años de práctica y nosotras hemos tenido la suerte de poder heredarlo. 

 ¿Qué es Emeki-Emeki? ¿Cómo surgió la idea?

Emeki emeki nació de nuestro empeño como madres con la voluntad de poder cambiar algo en las crianzas. El nacimiento de Emeki emeki fue un acto subversivo, contracultural. Pero ya empezaba a haber un movimiento social bastante fuerte que cuestionaba el sistema escolar. Yo primero empecé a trabajar con los grupos. Y más tarde vino la escuela que, con muchas dificultades, pudimos montar con mi compañera Jessica Maturana y el apoyo de varias familias. Fue un acto criticado o por lo menos visto con recelo: hay discursos que la sociedad aún no quiere escuchar. Sobre la infancia se sabe más bien poco, está plagada de prejuicios y de tópicos que tienen poco que ver con lo real, y esa ignorancia pasa por las instituciones y los profesionales mismos.

Ahora, con el auge de las neurociencias, se empiezan a avalar socialmente estos discursos, pero aún falta mucho camino por recorrer. La OMS está empezando a alertar sobre el aumento de depresión y de suicidios. Todas estas problemáticas se gestan en la infancia. Pero la realidad es que no se facilita que podamos cuidar de la infancia y los gobiernos no ayudan. Lo que se tiene que hacer es facilitar que las familias puedan dedicar el tiempo para cuidar de los primeros años de vida, que son la base de la personalidad, donde se gestan la empatía, la autoestima, la seguridad, y todo esto se gesta porque ha habido una presencia. Emeki nace con esta idea, para dar continuidad y presencia a esta idea y es a través de esta idea que creamos un proyecto de acompañamiento e información de los primeros 3 o 4 años de vida, los grupos de crianza, y un espacio para la primera socialización del niño desde los 3 años hasta los 6 años de vida, la escuela.

¿A qué edad crees que debería de empezar la escolarización un niño? ¿Por qué?

Primero me gustaría diferenciar entre escolarización y socialización. La escolarización tiene que ver con lo institucional y no con el desarrollo del niñor que se pauta de manera diferente según el país y la normativa vigente del mismo. Por ejemplo, en España, la escolarización es obligatoria a partir de los 6 años, pero, por ejemplo, hay otros países donde es legal el homeschooling. Con esto quiero decir que las pautas que adquiere cada país en relación a la escolarización son relativas. Lo que sí que es universal es la necesidad, a partir de una determinada edad, de socialización del niño. Esa necesidad, que tiene que ver con el desarrollo, se empieza a dar alrededor de los tres años, pero como toda pauta en el desarrollo es progresiva y secuencial, es decir, no es de un día para otro.

Pero en general se da una ruptura de la simbiosis psicológica con la madre que da comienzo a la socialización y coincide con el final de la fase oral, que se caracteriza por la necesidad de intimidad afectiva del bebé con los progenitores. A partir de los 3 años entramos en la capacidad de pensar o de estar en diferido, es decir, el niño puede entender desde la seguridad la desaparición de la madre o de las figuras de apego, también coincide con el lenguaje y el habla, se pueden expresar con claridad, el nivel de autonomía es mayor, hay control de esfínteres, lo social y el placer del juego con sus iguales empieza a ser visiblemente más importante. A los dos años el niño aún llora desesperadamente si la madre se va, puede comprender ni asumir su desaparición en un medio y con una personas que no conoce. Aunque se ha avanzado, las adaptaciones en infantil siguen siendo algo bárbaro. La escolarización en sí, tal como entendemos el concepto en relación a la transmisión de un conjunto de conocimientos formales, no debería empezar hasta los 6 o 7 años.

¿En qué se diferencia el planteamiento de Emeki Emeki con el de un centro de educación infantil convencional?

Lo primero que destacaría es las adaptaciones al espacio. Para nosotros la adaptación es un tránsito muy importante que va a condicionar al niño, podríamos decir que es un hito del desarrollo, y nos interesa mucho que se realicen satisfactoriamente. 

También diría que es un espacio donde se acompaña el juego espontáneo, que a esas edades es un juego simbólico, donde se acompaña la motricidad, y también donde se acompaña el conflicto y las dinámicas que se generan entre ellos. El acompañante combina la observación y la intervención en el arte de acompañar las dinámicas del niño. Y a la vez, las dinámicas que se gestan entre los niños remueven emocionalmente al adulto y le obligan, de alguna manera, a tomar conciencia y a aprender sobre los niños y sobre sí mismo. Todo esto ocurre en un espacio pequeño, familiar, en contacto con la naturaleza, alejado del desbordamiento de ratios. Es un espacio básicamente de relación y de crecimiento de niños y adultos. 

¿Cómo debería ser la adaptación de un niño al centro educativo si queremos cuidar su bienestar emocional? ¿Qué opinas de los plazos de adaptación que se dan actualmente en la mayoría de centros escolares?

Si tuviéramos en cuenta las necesidades de los niños y no las del ritmo frenético del sistema laboral, capitalista y patriarcal, las adaptaciones se harían sin prisa y las pautaría el niño. El ingreso del niño a lo social, en este caso, a la escuela, debería ser desde el placer y desde el deseo propio y no desde la frustración y la obligatoriedad, que es la realidad de la mayoría de centros. Antes las adaptaciones no existían, pero actualmente lo que vemos son adaptaciones temporizadas y pautadas por el adulto que dificultan que se hagan de manera tranquila. Las adaptaciones temporizadas con los padres es lo que ocurre en el mejor de los casos. Luego están las adaptaciones por tiempos, que son aquellas que anulan directamente a las figuras de referencia y se basan en el tiempo: el primer día dejas al niño 5 min, el segundo 15, el tercero media hora y así progresivamente, pero las figuras de seguridad para el niño-sus padres- no están en la adaptación. Esto, que en algunos centros se hace con niños de unos o dos años,  demuestra no tener la mínima idea de cómo funciona el cerebro y la percepción de un niño de estas edades que solo tiene figuras de referencia y que no tiene noción de tiempo. Yo he visto niños, obligados a entrar en el aula, vomitando en la puerta antes de entrar, otros dar puñetazos en la puerta porque querían salir. Hay una violencia normalizada en las adaptaciones y esto es algo que se tiene que cuestionar porque supuestamente uno de los valores de la escuela es educar para la no violencia. 

Además, sería muy interesante que las escuelas pudieran trabajar con las familias, saber acompañar a las familias en el período de adaptación porque es cierto que si se sabe tranquilizar y crear una relación de confianza donde se las pueda orientar, se relajan y los niños también se relajan. Y eso es clave para que una adaptación funcione. 

Para que la adaptación respete el bienestar emocional del niño, se debería dar tiempo al niño para fuera él mismo quien, con el saber estar de los profesionales y las familias,  transfiriera la base de seguridad de la madre o el padre o quien sea que le acompaña en la adaptación a la educadora y al nuevo espacio. 

E¿Qué te sugiere un bebé que pasa varias horas en un centro educativo alejado de su madre?

Cuanto más pequeño sea ese bebé, peor. Los primeros meses, el primer año es sagrado. Nacemos sin neocortex, somos seres muy inmaduros, lo cual implica que todo el daño producido en estas etapas va al sistema nervioso, pues no hay resistencias psíquicas todavía. El bebé va madurando en el contacto con la madre. El primer año de vida hablamos de exterogestación, lo que Reich llamó período crítico biofísico. Se trata de una fase de gran inmadurez donde el bebé vive en un estado de indiferenciación entre su cuerpo y el cuerpo de la madre, se está gestando el sistema nervioso a través de los primeros contactos emocionales. La necesidad del contacto del bebé es muy alta en ese período, así que si hablamos de bebés de pocos meses esa imagen me sugiere vacío, una angustia y un miedo y un desamparo muy primarios. Es la imagen del terror.

Es muy importante distinguir el momento madurativo. Si hablamos de bebés de un año o dos años que les tienen que llevar a la guardería, lo primero es que las familias puedan elegir bien a donde va a ir el bebé, puede ser una guardería o a lo mejor pueden encontrar otras fórmulas. El bebé con esa edad ya puede estar unas horas sin la madre y de lo que se tratará es de compensar porque el bebé, a causa de la separación, va a demandar más, va a intensificarse más presencia, más contacto, más pecho, etc. 

Nuestra propuesta es no llevar al bebé a las guarderías para preservar el proceso natural de individuación-separación, sin embargo, no nos gusta tampoco hacer fórmulas mecánicas de las cosas y luego cada familia, con la información que le vas facilitando, va encontrando sus fórmulas. Hay que entender cada caso para entender qué ocurre. Hay bebés que han estado en guarderías y están tranquilos porque tienen padres afectuosos y presentes capaces de compensar. Y otros bebés que están en casa y están más irritados porque en casa, por ejemplo, hay muchas dinámicas de estrés.

¿Qué piensas sobre los niños de 3 años que están escolarizados de 9 de la mañana a 5 de la tarde? ¿Son adecuadas esas jornadas para su bienestar emocional? 

Ese tiempo marcado para la escolarización responde a una pauta laboral del sistema capitalista, no al desarrollo del niño. En este aspecto, no nos diferenciamos tanto de las escuelas para los obreros de la época industrial. Lo ideal para un niño de tres años es el formato tribu: poder pasar progresivamente, ir y volver del espacio íntimo, al espacio social.

¿Cómo lleva un niño la escolarización en educación primaria sin haber pasado por educación infantil?

¡Fenomenal!  Ya tenemos casos en que han dado ese paso y podemos decir que hasta ahora las adaptaciones a la escuela de primaria han sido más que satisfactorias. La pràctica nos ha confirmado lo que ya sabíamos: que el poder haber estado en un espacio amoroso les va a proporcionar una base de salud y de seguridad y los recursos necesarios para poder encontrar su lugar en la escuela más tarde, contando con que los recursos con los que cuenta un niño de 6 años son muy distintos que los que tiene uno de 3. 

En nuestro caso las experiencias que tenemos son buenas, han ido a otros centros de primaria públicos con metodologías activas, como Amara Berri y Langile y se han adaptado bien. Las familias de algunos de estos niños continúan viniendo a los grupos y a través de ellos tenemos un seguimiento de cómo se van desarrollando en la primaria. Además, entre los propios niños ya se crean dinámicas y ya hubo un momento en que hacemos que los niños que han salido vengan a contar la experiencia en la escuela de primaria, la escuela de los mayores, como dicen ellos, de manera que a día de hoy preparamos, ya no solo la entrada al espacio, sino también la salida.

Por otro lado, actualmente hay un grupo de padres que están promoviendo una continuidad a primaria a través del proyecto Izadi Eskola, en vías de encontrar un espacio homologado. Con la cooperación y los recursos necesarios, sería muy interesante facilitar la primaria. 

¿Qué es un grupo de crianza? ¿Qué se hace?

Un grupo de crianza es un espacio donde trabajamos con las familias y sus bebés a partir de la información, la sensibilización, la atención temprana y la anticipación. Informamos sobre las fases evolutivas en que se encuentran los niños y sus características para que puedan ser abordadas desde la tranquilidad. Usamos elementos como el masaje Ukitu, que es un masaje evolutivo, fruto del trabajo de Cristina y de Ramón, que es el único masaje infantil que conozco que tiene en cuenta la lógica evolutiva. Facilitamos la psicomotricidad y el movimiento espontáneo, las dinámicas corporales y el juego para potenciar el vínculo entre el bebé y sus progenitores. Escuchamos, atendemos y elaboramos las preocupaciones y obstáculos y el estrés con que se encuentran las familias en sus procesos de crianza desde la no culpabilización. Al final, son espacios de autoconocimiento, pues muchas veces sabemos racionalmente qué queremos transmitir y qué no a nuestros hijos, pero inconscientemente, sin darnos cuenta, repetimos pautas que hemos integrado desde nuestra propia infancia. Y luego, entre las familias también se van creando redes, se va formando esa tribu y eso en la primera infancia facilita mucho.

Sobre la primera infancia opinas…

La primera infancia es un fondo de reserva para toda la vida. Cuanto más satisfactorias, felices y plenas sean las experiencias de la infancia, más recursos vamos a tener para relacionarnos y para superar los obstáculos en la vida adulta. La OMS ya está diciendo que la gran enfermedad del siglo XXI va a ser la depresión. Esto, para nosotros, tiene una lectura que tiene que ver con cómo se están viviendo actualmente las infancias: tempranamente institucionalizadas, sometidas a un estrés social y laboral, pautadas, escolarizadas, con prisa, sin tiempo, con dudas, con incertidumbre, con sufrimiento. Si queremos un mundo más sano y más maduro, no tenemos otro remedio que cuidar la infancia, cuidar la infancia es un gesto revolucionario, porque los recursos en nuestro interior los vamos a encontrar si dentro de nosotros hay una base infantil plena y satisfactoria que haya permitido construirnos de una manera sólida.